LOS SUEÑOS DE ALENIA


Para situarnos…..
Avilés es la tercera ciudad de Asturias por población con algo más de 83.000 vecinos. Antes de la reconversión industrial era un importante enclave económico que tras esos cambios reenfocó su actividad centrándose más en el desarrollo de las PYMES.
En esa ciudad que todavía hoy recibe a los visitantes con las chimeneas encendidas de Arcelor transcurrió mi infancia, por eso le tengo ley y no pierdo la oportunidad de visitarla varias veces al año.
El casco histórico irradia principalmente a partir de la Plaza de España donde se encuentra el edificio del Ayuntamiento (s. XII), una construcción de estilo postherreriano, encarada al palacio barroco del marqués de Ferrera. Hacia el sur se abren las calles Rivero (s. XV) y Galiana (s. XVII), de estructura porticada y suelos adoquinados. Como en un abrazo, recorren los flancos del parque Ferrera, un auténtico pulmón verde de 81.000 metros cuadrados en el centro de la ciudad de la que hace muchos años y antes de convertirse en lugar público, recuerdo sus muros sembrados de musgo y hiedra que ocultaban la maraña de árboles y arbustos que en aquellos tiempos crecían en el parque
Hacia el norte, en dirección a la ría, corren casi paralelas las calles Ferrería y de la Fruta, ambas de origen medieval, hasta desembocar en el Parque del Muelle.
Todo este entorno es hoy una zona peatonal donde la lluvia frecuente crea un mundo de reflejos en las calzadas de piedra.

Para alegrarnos….
A mitad de la calle La Fruta, exactamente en el número 9, se encuentra “Los sueños de Alenia, una librería infantil que descubrí esta pasada Semana Santa. Una iniciativa inteligente y creativa en estos tiempos en que las librerías tienden más la estética de supermercados guiados por esa filosofía del “sírvase usted mismo”.
Desconozco si la iniciativa es original o si existe en otros lugares, posiblemente lo segundo sea más probable, en cualquier caso es un experiencia escasa y un punto de vista inteligente ese de entender los libros como un elemento más del ejercicio diario de vivir.
En el escaparate, entre un sugerente surtido de títulos infantiles, destaca el cartel encaramado a un caballete de madera que invita a los más pequeños a un taller de cocina sin fuego que tendrá lugar esa misma tarde. Macedonia, trufas, galletas… y para cada receta un cuento. Entro y me presento, Sonia y Alejandra me enseñan el lugar, un espacio agradable con suelo de madera y un colorido cuarto al fondo a modo de taller donde los pequeños lectores se maquillan, cantan y cocinan al ritmo del contador de cuentos.
Con la literatura pasa como con los idiomas. Ni el paso de los años ni el mundo globalizado son suficientes para que se asuma - especialmente los enseñantes - que las lenguas no son asignaturas que superar sino herramientas de comunicación que nos abren puertas y nos hacen más libres. Pocas cosas tienen sentido por sí solas, leer es otro recurso para conocer el mundo, el terrenal y el de la fantasía y por ello tiene que formar parte de lo cotidiano. Como el comer, el cantar o el jugar, leer no puede ser algo ajeno a las cosas de diario, pues permite acceder a un cosmos nuevo que trasciende la realidad. Vincular los libros a la vida es garantizar otras maneras de disfrutarla. Por encima de corrientes, estilos y cánones el mero ejercicio de leer debe ser un acto cotidiano que se inicia en la infancia. Ni reto ni condicionante, la lectura es un divertimento que concita a la reflexión y al aprendizaje.

Para acercarnos…
“Los sueños de Alenia” es una de esas loables iniciativas dignas de ser reseñadas y que merecen perdurar. Se agradece la vocación de sus promotoras, su conocimiento de autores y editoriales en estos tiempos en que todo parecen ser contratiempos.
A los padres les animo a acercarse con sus hijos a sus talleres y a sus libros, a las editoriales les sugiero que colaboren con ellas, y a los autores les invito a contactar con Sonia y Alejandra para presentar allí sus libros.

2 comentarios:

  1. Querido José Luis,
    ¡qué cerca me has hecho estar de Avilés durante unos minutos! Gracias. Esas chimeneas que me advertían de que ya llegábamos,los pórticos, los arcos y, cómo no la Calle La Fruta. Mis tías abuelas vivían muy cerca, o quizás, no lo recuerdo, en esa misma calle. Muy cerca del mercado (me encanta volver a ese mercado, ¿aún existe?). Durante años pasaba como mínimo una semana todos los veranos con ellas (su madre acogió a mi familia cuando huía de la guerra). De adolescente me escapaba del pueblo de con m abuela y a la mínima me iba para Avilés. Pero entonces, me quedaba con otros tíos, en el Carbayedo, ya que su hijo era de mi edad y me llevaba por los antros de Avilés. Además, mi padre (marino mercante) hizo el trayecto N.Y.- Gijón- Avilés muchos años. Una Navidad que pasé en Asturias, viví unos días en el puerto de Avilés, ¡en el barco! Toda una aventura. En fin, miles de historias que me haces rememorar hoy de buena mañana. Desde luego, si voy este verano, me iré a Avilés, al Carbayedo (mis tías buelas murieron todas y creo que la casa ya ni existe) y visitaré esa librería. Yo también estoy harta de librerías-supermercados. En BCN, he regresado a "Documenta" después de años y creo que voy a pasar del descuento de otras y me voy a ir por esa siempre.
    Firmo todas tus frases, por estar al 100% de acuerdo, sobre lengua y literatura ; por supuestísimo, lengua y literatura no son asignaturas que superar sino herramientas de comunicación.
    ¿Sabes? Ahora, en este instante evoco el olor particular de Avilés. Cierra los ojos, ¿lo hueles?
    Hasta lueguín,
    Mar

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  2. Escribo desde Bs.As. pero por un momento me haz transportado a esa preciosa librería que la conocí virtualmente el año pasado y reseñé en mi Blog luego.
    Precioso post!

    Un saludo desde Bs.As.

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