24/12/2012

A PROPÓSITO DE DAVID REBOREDO Y A FAVOR DE SU INDULTO



El inicio de los años ochenta se adivinaba como una travesía con viento a favor hacia un destino inevitablemente dorado. Con la dictadura recién finiquitada quedaba por delante un futuro esperanzador del que todos anhelábamos formar parte. El mundo de la cultura parecía liberarse de una pesada losa y en lo musical alumbraban nuevas ideas demostrándonos cuánto quedaba por recorrer mientras surgían nombres capaces de hacerlo posible. En la dramaturgia  aparecían o se consolidaban retos que nos acercaban a renovadas puestas en escena. En lo literario arrinconábamos el realismo de compromiso y apostábamos por fórmulas más híbridas mientras irrumpía con fuerza la novela negra revelándonos un nuevo universo literario. Todo eso y mucho más iba surgiendo en una realidad por inventar y de la que nadie quería sentirse ajeno. 

Pero entre tanta promesa y fantasía animada crecían también amenazas, lodos que se extendían por las alcantarillas de manera imparable a la sombra del mundo nuevo. Los primeros ochenta fueron también los años de la heroína y entre la psicodelia y la hierba pujaba la inclemente fiebre narcótica que buscaba a codazos su lugar entre un colectivo variopinto que día a día se desmembraba dejando un rastro de desahuciados arrinconados en las orillas de aquella arcadia de la que empezábamos a levantar los cimientos.

Fue también a principios de los ochenta cuando yo terminé mis estudios de psicología y por una de esas casualidades de las que apenas recuerdo los detalles, tuve la oportunidad de pasar varios meses como psicólogo en prácticas en la unidad de desintoxicación de drogodependientes de un conocido hospital de Barcelona. Todos heroinómanos, todos atados a todo, incapaces de romper los nudos bajo los techos de sus casas. Por allí pasaba buena parte de la marginalidad adicta de la nueva Barcelona y allí empecé a conocer los detalles de un mal que aunque con formas distintas ahí sigue omnipresente. Conociéndolos a ellos fui descubriendo un mundo complejo en el que no cabían posiciones maximalistas y lo mismo me repateaba el hígado la progresía del momento obsesionada en hacer de la sociedad la responsable de aquellos males, que los moralmente intachables empecinados en calificar como vicio todo lo que escapaba a los estrechos límites de su comprensión, como si la condición humana fuese única y producto de una alquimia perfecta.

Por allí vi pasar gente buena y gente mala, auténticos hijos de puta capaces de arruinarle la vida a aquellos que hubiesen dado la suya por ellos, errores engendrados para recordarnos  que el mundo es un invento fallido y un paisaje especular donde conviene disfrutar de los buenos momentos, porque hay veces que de la trastienda más sombría apenas si nos separan unas pulgadas de azar. Pero también di con gente noble, caída en desgracia sin casi buscarlo, como el que jugando se adentra en un bosque espeso y se encuentra un día en un agujero de paredes vacías sin salientes donde agarrarse para volver. Gente que en ese tránsito por el desierto había reconocido la voz de Dios en comunidades evangelistas y que arrodillados a los pies de la cama se entregaban a la oración y a las lecturas sagradas. Otros habían encontrado refugio entre aquellas paredes blancas después de intentar sin suerte desaparecer para siempre por la puerta de atrás. Recuerdo todavía al que temblaba en el momento de irse, tan temeroso de la libertad que no llegó a resistirlo hasta que un día, por fin, consiguió un viaje sin billete de vuelta.

Los que superaban aquel par de semanas volvían a sus casas para continuar con la parte más dura. De forma pautada seguían un tratamiento ambulatorio de visitas programadas con la finalidad de ayudarles a salir de tanta basura. Aunque las analíticas eran un requisito imprescindible pocas veces era necesario. El desaliño, los engaños a quienes más los querían, el brillo extraño de los ojos y las formas sospechosas de las pupilas eran más elocuentes que cualquier formulario de laboratorio. Con el tiempo las ausencias se iban haciendo frecuentes y entonces terminabas por aceptar que la carrera de fondo había quedado reducida a un bienintencionado sprint con una meta demasiado lejana.

Después de aquellos meses volví de nuevo a la universidad, esta vez para cursar un postgrado y saber más. Aprendí mucho, la esencia de cada droga, cada alteración neuronal, los neurotransmisores en las sinapsis, cada efecto en el organismo, consecuencias de la ingesta, pero nadie me enseñó cómo romper con ello cuando aquella mierda encontraba acomodo en unos cuerpos que se debilitaban a marchas forzadas.

Más tarde continué en otro lugar, fui monitor ocupacional y de deporte en un centro de día. Trabajaba con ellos codo con codo, esquizofrénicos para los que la droga no era más que un complemento que ayudaba a precipitar sus desequilibrios, marginales salidos de sabe dónde que habían vivido siempre al límite hasta traspasar la línea roja, mujeres jóvenes que habían sido guapas hasta que se les empezaron a pudrir los dientes mientras hacían la calle en la misma rotonda que yo atravesaba cuando regresaba a casa.

Recuerdo bien a muchos de ellos, el ciego de ojos blancos como canicas de vidrio al que los colegas ayudaban con la hipodérmica, el gitano que se quiso matar cuando le detectaron los anticuerpos, el psicótico que apuñaló a su madre por indicaciones del diablo. Compartíamos horas en aquella sala en la que no faltaban los himnos de Camarón. Y a la hora del deporte corrían detrás de mi hasta la playa, sudaban luego en el gimnasio, revelábamos fotos en el taller, amasábamos barro con las manos y pintábamos las paredes cuando la humedad las abombaba y hacía saltar el yeso. Los veía mejorar en poco tiempo, cogían peso y su aspecto era más saludable y te parecía que esa vez sí …hasta que un día venían mal o no venían y sentías que tu trabajo era estéril y que no merecía la pena soportar aquella dualidad de sentimientos encariñándote un día con unos y conteniendo el impulso para no romperles la cabeza a otros.

No, volver no era fácil. Muchos se quedaron en el camino y otros aun permanecen colgados de un nimbo que les va consumiendo sin esperanza ninguna. Por eso sé bien del mérito del que sale, un mérito no exclusivo, compartido con los incondicionales que siguen ahí cuando lo más fácil hubiese sido poner tierra de por medio. El amor tiene esas paradojas y mientras algunas familias saltaban por los aires incapaces de afrontar tanta vejación y desconsuelo, otras se aferraban a cualquier rescoldo de esperanza con el convencimiento de que no todo estaba perdido.

No conozco a David Reboredo pero es uno de los que han vuelto de esa zona de sombras en la que muchos se pierden para siempre, lo ha hecho arropado de los suyos, el viaje de vuelta se hace siempre en compañía. Su delito ha sido trapichear con un par de papelinas, el de otros ha sido torturar, expoliar, malversar. Después de tres años de rehabilitación y conseguida su reinserción social, se pide ahora su ingreso en la cárcel sin atender a las peticiones de indulto. Los torturadores y defraudadores sí tuvieron el suyo.

Todavía me acuerdo. El inicio de los años ochenta se adivinaba como una travesía con viento a favor hacia un destino inevitablemente dorado.

21/10/2012

VISOR'12: "EPPUR SI MUOVE "



VISOR’12 "EPPUR SI MUOVE"
VIII JORNADA LITERARIA
1 / 12 / 2012

Restaurant Xaloquell (SALA NÓRDICA)

C/ Cantàbric 10, Platja de Sant Salvador - El Vendrell (Tarragona)

( entrada gratuita)


Eppur si muove ("…y sin embargo se mueve")  es la frase atribuida a Galileo Galilei tras retractarse ante la Santa Inquisición de su teoría heliocentrista según la cual, es la tierra la que gira alrededor del sol y no al revés. Esa provocación, basada en argumentos científicos y contraria a los dogmas de la iglesia, lo llevó finalmente a la hoguera.

Eppur si muove podría también servirnos hoy como consigna para otras iniciativas que, como VISOR, se resisten a ver cómo los activos culturales del país se debilitan a causa de las políticas llevadas a cabo por unas administraciones públicas, que parecen empeñadas en dilapidar todo cuanto tiene que ver con la promoción del conocimiento.

VISOR’12 es la octava edición de un proyecto iniciado en el año 2005 que ha contado con la participación de más de cuarenta autores y autoras representantes de diferentes géneros y estilos literarios.

A lo largo de estos años, estas jornadas celebradas en la Vil·la Casals de El Vendrell (Playa de Sant Salvador) y subvencionadas por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de El Vendrell, han sido un punto de encuentro entre autores y lectores convirtiéndose para muchos en un referente literario en esta zona de la geografía catalana.

Un precedente de siete ediciones, que paulatinamente han ido ganando en aceptación y asistencia, no ha servido para evitar que el gobierno municipal haya mermado los recursos económicos hasta el punto de hacer inviable un nuevo VISOR.

A pesar de todo y gracias al empeño y disponibilidad de autores y colaboradores por evitar que el proyecto desaparezca, VISOR’12 será el próximo 1 de diciembre un nuevo motivo de encuentro entre quienes conciben la literatura como una forma de conocimiento y  un estímulo cultural que conviene preservar.





12 h. LITERATURA EN TIEMPOS DE CRISIS / LITERATURA EN TEMPS DE CRISI

Cristina Fallarás - Ricard Ruiz Garzón  - Toni Iturbe

 Modera: José Luis Espina


13:15 h. LOS LÍMITES DEL CUENTO / ELS LÍMITS DEL CONTE

David Roas, Care Santos, Ana Casas

 Modera: M. Dolores García Pastor


17 h. LA CRÓNICA LITERARIA - LA CRÒNICA LITERÀRIA

Ignacio Martínez de Pisón - Álvaro Colomer - Xavier Moret

Modera: José Luis Espina


 18:15 h. TARRAGONA D.O.

Coia Valls - Jordi Ledesma - Pablo Martín Sánchez

 Modera: M. Dolores García Pastor







24/09/2012

COLOFÓN

El día 8 llegué a Pamplona desde donde me dirigí a Sant Jean Pied de Port para iniciar viaje a Logroño a través de la senda de El Camino de Santiago, tenía por delante 165 kilómetros. El día 15 finalizaba la ruta después de caminar el tramo  de 20 km que lleva de Torres del Rio a la ciudad de Logroño, cruzando la población de Viana. El trayecto fue corto y cómodo aunque sobraba calor. Hacia el mediodía divisaba ya desde lo lejos las torres de la catedral de Santa María de la Redonda y poco después, al acabar una cuesta que me acercaba a la carretera por donde accedería al puente de piedra que se eleva sobre el Ebro, escuché un ruido creciente como de turbinas o algo similar, un ruido incómodo tras horas de soledad y canto de pájaros. Después de un recodo rematado por una arboleda bien tupida, vi emerger sobre las copas las chimeneas de aluminio causantes del ruido y poco más allá un grupo de personas silenciosas frente a la fachada de un edificio de planta baja con un rótulo en el friso que indicaba Crematorio Municipal. Sobre los tejados sonaban los cohetes de Logroño en fiestas mientras por las chimeneas de los hornos emergían hacia el cielo las almas de los muertos el día de San Mateo.

10/10/2011

BERLÍN (II)


...después llueve.

Se han recogido los músicos y el murmullo de gorriones se pierde entre el chapoteo del agua en las ramas.

La esfera de la Fernsehturm brilla alcanzada por la claridad tenue de un resquicio entre las nubes.

Estira una mano y ahí están, confiados y atrevidos, comiendo migajas de entre los dedos.

BERLÍN (I)

En Berlín. Parque de la Alexanderplatz.

Suenan los músicos bajo las sombras de las copas que ese día solo protegen de nubes que amenazan lluvia.

Sentado en cualquier rincón se recomienda dejarse llevar por la música.

Al fondo, creciendo sobre las frondas que nos cobijan, se levanta el Fernsehturm como un estilete que quisiera reventar las nubes y vaciarlas de agua.

02/10/2011

HACIENDO CAMINO

A las 7,30 de la mañana del pasado 24 de septiembre tomaba un tren con destino a Barcelona donde haría escala para retomar viaje hacia Burgos.
Los sábados a esa hora, la estación es un lugar siniestro por donde los viajeros desfilan lento con rostros abnegados y aspecto taciturno.
Llueve y solo las luces de algunas farolas clarean el paisaje de andenes solitarios y vías muertas rematadas por un almacén inútil de paredes mugrientas.
Entre la carga de la mochila no faltó un cuaderno de anotaciones y un libro de Turguéniev que debía acompañarme en las horas vacías del camino. Apenas escribí nada y de Padres e hijos de Turguéniev con esfuerzo rematé el prólogo a la obra. Nada tuvo que ver el libro con la falta de lectura, fue la ausencia de las supuestas horas en soledad lo que me privó de ir más allá.
Conocí gente y escuché con atención. El Camino es eso, horas de polvo y calor, de frío y de lluvia cargadas de historias. Turguéniev podía esperar.
Quise escribir y no pude y me preguntaba cómo hacerlo sin caer en la prosa fácil, en el ripio meloso y cargante. Cómo conseguir trascender el impulso repentino si las emociones de cada día eran tan perfectas, tan elementales. Amaneceres que irrumpían por encima de los cerros bañando las choperas del camino; silencios interminables apenas malogrados por la respiración pesada del caminante y el crepitar del guijo bajo las botas; atardeceres en calma que inspiraban confidencias en torno a la mesa compartida del albergue.
Cómo escribir salvando todos estos obstáculos, todas las trampas que la sencillez impone y a las que es tan fácil sucumbir.
Así que decidí esperar, tomar distancia, dejar que la nebulosa descienda y sedimente, veremos entonces si queda poso.

Primera alteración de la conciencia ajena a efectos psicotrópicos
Causa de la distorsión: La propia lluvia y la manifestación cortical de un empleado público.

En el perímetro de la reducida sala de espera nos observamos dos máquinas expendedoras, un banco vacío de color rojo, una máquina de validar billetes, una silla tras el mostrador de venta con un chubasquero en el respaldo y yo.
Las máquinas y el banco hace años que se observan. Yo acabo de llegar. El chubasquero colgado del respaldo de la silla no creo que lleve ahí demasiado tiempo, probablemente no más de una hora.
Cuando golpeo con los nudillos en el cristal no pasa nada. Las máquinas y el banco no se inmutan ni se alteran por el golpe inoportuno.
Después agacho la cabeza y acerco la cara a la altura de la ventanilla. Reclamo su presencia con un grito contenido y entonces aparece. También me mira, nos miramos todos. A él las máquinas ya lo conocen y lo ignoran.
Él no sabe quien soy pero me mira y también me ignora. Camina sin prisa desde el fondo hasta la silla donde reposa el chubasquero. Sostiene en las manos un rollo de papel higiénico. Mientras avanza separa unas hojas y se suena los mocos con ellas. Se sienta y me observa. Todos nos miramos, nos reconocemos sin interés, tal vez las menos sorprendidas sean las máquinas expendedoras, me han rechazado un billete de cinco euros. Quizás el menos vital sea el banco, es fácil olvidarse de él si no se está cansado.
Le acerco a él el billete de cinco euros que la máquina me ha rechazado y él me entrega el comprobante y una moneda de cambio. Luego encorva la espalda hacia adelante, coloca las manos sobre el regazo y mira.
La máquina de validar billetes parece atragantarse cuando le introduzco el boleto por la ranura. Las máquinas expendedoras, el banco y él me miran. El chubasquero no ve nada, la espalda de él lo comprime contra el respaldo de la silla.
Afuera llueva y hace fresco, ha comenzado el otoño.
Siento una inquietud que me carcome, una angustia que me anida en el estómago. Envidio la calma y la armonía del banco, de las máquinas expendedoras y la de validar billetes, la de la silla con la chaqueta en el respaldo y la del interventor que, sin apartar la vista de mi, me ignora.


(Breve anotación meteorológica sin trascendencia para el interventor que ha quedado atrás, sumido en su intensa labor observadora.)

Llueve…ahora a mares. Sobre el cristal del vagón los ríos de agua enturbian la visión. Todo es gris, el cielo y el paisaje, moteado por destellos de luces dispersas entre las naves de un polígono industrial y de una metalúrgica trazada por cintas transportadoras y tubos de metal.




18/09/2011

LITERATURAS - LITERATURES

LITERATURAS / LITERATURES es un proyecto desarrollado por la ACEC (Asociación de escritores de Cataluña - Associació d'Escriptors de Catalunya) con la finalidad de poner en contacto a sus autores con las personas interesadas por el mundo del libro y la lectura.

A través de dos mesas redondas sobre temas de actualidad, el objetivo es acercar al lector los puntos de vista de los autores y autoras fomentando también el conocimiento de su obra y sus planteamientos literarios.



Viernes 7 de octubre de 2011
Casa del Llibre – Rambla Catalunya 37 (Barcelona)

17:30h: Cultura urbana y literatura
Andreu Martín
Pedro Zarraluki
Álvaro Colomer
Modera: Mª Cinta Montagut

19:15h: -Literatura enredada (Literatura en la red)
Isabel Núñez
Ramon Dachs
Agustín Calvo Galán
Modera: José Luis Espina

21/07/2011

CONSIDERACIONES PARA AUTORES ATRIBULADOS (...y parte 3)

Llegados a este punto toca preguntarse ¿Y qué pasa con el autor?
La formula tradicional ha tenido al autor como un actor secundario en este engranaje de mecanismos oxidados.

Supeditado históricamente a la arbitrariedad del editor, sus posibilidades de éxito han estado condicionadas a la aceptación de unas exigencias alejadas muy a menudo de lo que se consideraría deseable. El editor ha marcado las pautas a seguir, decretando siempre las reglas del juego y contando con el beneplácito del creador, quien no ha dudado en arrugarse ante el horizonte de ver sus ideas encuadernadas y expuestas al público.

Las posibilidades del autor fueron expresadas no hace demasiado tiempo por un conocido editor barcelonés quien en una entrevista concedida a un medio de comunicación no dudó en declarar inviable la legítima voluntad de vivir de la escritura, obviando la indiscutible realidad de que si de algo vive el editor es de lo que escribe el autor.

La confluencia de diversas circunstancias en un plazo de tiempo relativamente breve está alterando de manera significativa las tradicionales reglas de juego obligando, se quiera o no, a reposicionar las fichas en el tablero, a dejar de lado determinados prejuicios y sobre todo, a olvidarse de ciertas prerrogativas que hasta hace poco nos parecían incuestionables.

El autor, salvo esas minorías que se jactan de no precisar de nada ni de nadie para que su obra avance, ha dejado de encontrar en el editor el aliado exclusivo e imprescindible para comunicar su obra.

La crisis ha afectado su capacidad de reacción. Se acortan las tiradas promedio, se reducen los títulos editados, disminuye la facturación y muchos de esos editores pequeños y medianos anuncian abiertamente su negativa a leer originales no solicitados.

Pero el portazo en la cara coincide con la apertura de un mundo de recursos digitales al que muchos autores son todavía reacios, convencidos de que todo aquello que se aparte del formato convencional no tiene futuro. Entretanto el editor percibe la amenaza sin saber cómo gestionarla, Google y Amazon se le revelan como un peligro inminente y pugna por blindar su supervivencia creando cláusulas contractuales que impliquen también los derechos digitales sin que, por lo pronto, sepan qué hacer con ellos.

Pero la duda persiste … ¿Y el autor qué? ¿Qué alternativas le quedan al autor que no encuentra editor o al autor que capta el interés de una pequeña editorial sin capacidad para gestionar adecuadamente la comercialización de la obra publicada?

Lejos, muy lejos de esos planteamientos anti mercantilistas de la literatura, en las antípodas de los que consideran que dar visibilidad a la obra no es más que un acto banal más cercano al egocentrismo que a necesidades de promoción, hay otra realidad que implica la participación activa del autor en ese proceso de llevar el libro al lector.

¿Quiere eso decir que todo vale, que la ausencia de calidad se verá compensada por los efectos de una comercialización más habilidosa partiendo de redes sociales y del marketing viral? Pues entiendo que ni más ni menos que cuando se recurre a los mecanismos tradicionales de promoción. Será el mercado ante la oferta presentada quien decida lo que lee y lo que no lee y como siempre, habrá una literatura masiva de puro entretenimiento y alta, baja o cuestionable calidad y otra literatura de mayor nivel y complejidad dirigida a públicos más exigentes.

El elemento diferencial estará en la implicación del autor y en el acercamiento decidido a nuevos recursos editoriales y de promoción.

No es motivo de estas líneas hacer un análisis exhaustivo del tema pero intentaré dejar constancia de algunas fórmulas puestas en marcha por diferentes creadores y que vienen a demostrar que sigue habiendo luz al final del túnel.

Las páginas Web y Weblog son ya recursos perfectamente implantados y aprovechados por los autores como fórmula de promoción de sus trabajos, a la vez que canal de comunicación por donde expresar puntos de vista y opiniones sobre temas diversos.

Ignacio del Valle hace de su Web un perfecto escaparate desde el que ofrece numerosos detalles de su novela “Los demonios de Berlín”, mientras que en su blog El marfil de la torre aprovecha para dejarnos otras reflexiones cotidianas.

Álvaro Colomer despliega en su Web diferentes enlaces a sus obras y trabajos periodísticos vinculando a su blog El arquero las diferentes reseñas y artículos publicados en el diario La Vanguardia.

No menos activa es la escritora Isabel Núñez que ha convertido Crucigrama en un auténtico cuaderno de bitácora, recurso literario en sí mismo en el que de manera puntual y prolija desgrana sus impresiones casi a diario.

Cierto que estos autores han encontrado editor y la Web es un recurso promocional o de publicación alternativa, pero si el escritor huérfano de valedor y de dinero persiste en el intento de ver su obra convertida en libro de papel, puede acudir al Crowfunding como fórmula de financiación recurriendo a pequeñas aportaciones altruistas.

Lánzanos fue la plataforma elegida por el poeta Julio Igualador para recaudar los 1.200 euros invertidos en el proyecto In-absent(i)a. Por su parte, la autora e ilustradora Clara Nubiola consiguió los 1.750 euros necesarios para publicar “La guía de las rutas inciertas” en Verkami, plataforma Barcelonesa que como Lánzanos está principalmente vinculada al sector cultural.

Ideas no faltan y recursos tampoco, hay quien llevado por una imparable vocación promocional tira de recursos más propios de otras artes creando el Booktrailer como fórmula de presentación en sociedad a través de plataformas como Youtube.

Pero quizás uno de los ejemplos más impresionantes en lo que a autoedición digital se refiere sea el del americano John Locke, autor de bestsellers, como Vegas Moon o Saving Rachel. Mediante la herramienta Kindle Direct Publishing (KDP), que permite publicar directamente en formato Kindle y vender a través de Amazon, ha igualado en ventas al sueco Stieg Larsson superando el millón de ejemplares vendidos en este portal.

Pero para quien todo lo digital siga sonándole extraño, tenemos el caso más próximo de Eloy Moreno, autor en formato papel de El bolígrafo de gel verde, fenómeno editorial que sin salir de Castellón, su ciudad, ha conseguido vender 3.000 ejemplares.

Podríamos seguir bastante más, ejemplos no faltan, pero no se trata de atribular más si cabe a nuestro consternado y desvalido autor.
Queda claro que los recursos están ahí para quien quiera trabajarlos, ahora toca ordenarlos, priorizarlos y trazar un plan de trabajo que nos lleve al objetivo propuesto.

Como apuntaba más arriba, la fórmula actual es insostenible para el autor y el editor. No tiene sentido que una industria con claros síntomas de colapso se permita poner puertas a la creación limitando el acceso de los autores al mercado del libro, como tampoco tiene sentido que el sector editorial se enroque en posturas obsoletas dando la espalda a lo que está a la vuelta de la esquina y cerrando los ojos ante lo inevitable. Guste o no, Google y Amazon están ahí y han llegado para quedarse.

19/07/2011

CONSIDERACIONES PARA AUTORES ATRIBULADOS (...parte 2)

Según la información facilitada por la Federación de Gremios de Editores de España, el sector editorial lo integran un total de 839 empresas agregadas, productoras de casi 80.000 títulos en el año 2010, con una media de 3.790 ejemplares por título y a un precio promedio de 12,67 euros al público antes de impuestos.

En total, se publicaron unos 303 millones de ejemplares de los cuales fueron vendidos 228 millones (75%).

La cifra de facturación del sector en el mercado interior alcanzó los 2.891 millones de euros y de esos, 995 millones correspondieron al género literario y a los englobados en las categorías de infantil y juvenil.

Por si este aluvión de cifras no fuera suficiente, aprovecho para destacar la discrepancia entre los datos de la Federación de Gremios de Editores con los del INE (Instituto Nacional de Estadística) motivada seguramente por la metodología aplicada en el estudio. En cualquier caso, sabido es que la estadística es esa vertiente de las matemáticas dispuesta a afirmar que si mi vecino tiene dos coches y yo no tengo ninguno, tenemos un coche cada uno.

Más allá de cifras y datos, lo que parece contundente es que el año 2010 fue en términos de beneficios peor que el 2009 y que si algo caracterizó al sector fue la excepcional devolución de ejemplares, condicionando más si cabe la salud de este enfermo crónico.

Hace ahora unas semanas y ante la incapacidad de conseguir que algún editor se interesase por mi nuevo libro de relatos tuve la osadía de remitirles por correo electrónico el nuevo trabajo, dejando claro que era consciente de lo inapropiado del método, justificando la decisión con argumentos económicos.

De una veintena de envíos tuve el honor de obtener respuesta de tres de ellos, uno para decirme que solo publicaban autores extranjeros y dos para comentarme que rechazaban de entrada nuevos trabajos. Como añadido, uno de ellos tuvo la amabilidad de puntualizarme que para el presente año sus perspectivas de publicación se limitaban a seis títulos, de ahí su negativa a más lecturas de originales.

Lejos de parecerme una situación excepcional, más me pareció un escenario común a muchas de esas editoriales denominadas pequeñas e independientes que intentan hacerse un hueco en el sector.

Volviendo a esas estadísticas a las que antes hacía referencia, si algo caracteriza al mercado editorial es la gran atomización en cuanto a número de editoriales, combinada con una gran concentración de la facturación: un 4% de las empresas facturan el 63% del total. Es decir, de manera orientativa y sin pretender que estos cálculos tengan una validez incontestable, 34 editoriales facturarían 1.821 millones de euros, mientras que las otras 805 se tendrían que conformar con los 1.070 millones restantes lo que da una cifra de 1,3 millones de euros por editorial. Partiendo de los datos expuestos más arriba sobre precios medios y tiradas, el número de títulos editados por cada una de esas 805 editoriales sería de 27.

A primera vista y salvo errores de cálculo (míos y/o de las empresas de estudios de mercado) el panorama no parece muy halagüeño para el editor, teniendo en cuenta el reparto habitual de esa facturación, a saber:

- 30% para el librero.
- 35% para el distribuidor
- 25% para el editor
- 10% para el autor

Concluyendo. De esos supuestos 1.070 millones de facturación que se reparten las 805 editoriales menos afortunadas, solo el 25% les corresponde. Unos 330 mil euros para cada una de ellas, facturación de la que tendrán que descontarse costes de producción, gastos comerciales, devoluciones, gastos generales y salarios. ¿Se imaginan el panorama para ese humilde editor (en absoluto excepcional) que confiesa una previsión de seis títulos al año? ¿Se imaginan lo que puede suponer encontrarse con el 40% de la producción retornada a los almacenes varios meses después de distribuida?

Insistiendo en lo relativo de estos datos, sí parece evidente que el mercado editorial, con sus planteamientos comerciales tradicionales, está muy lejos de representar una oportunidad real de negocio. Mucho se ha hablado estos días de las nuevas editoriales emergentes, del espíritu emprendedor de muchos jóvenes editores que aspiran a encontrar su hueco en el sector con aportaciones innovadoras y sugerentes, pero si la fórmula ha de ser la ya conocida, si la apuesta pasa por colocar siete u ocho títulos en el mercado, si el mundo digital sigue siendo ese gran desconocido (1,5% de la facturación en 2010) podemos calificar la iniciativa de loable y voluntariosa, pero difícilmente representará gran cosa desde el punto de vista empresarial.

18/07/2011

CONSIDERACIONES PARA AUTORES ATRIBULADOS (...parte 1)

La publicación el pasado día 10 de julio en el diario El País de un artículo de Juan Goytisolo cuestionando la calidad de los suplementos culturales y en concreto de las entrevistas realizadas a los autores, me ha llevado por eso de las inevitables asociaciones, al enfrentamiento de John Updike con el ensayista Kevil Kelly en octubre del 2008 a raíz de su propuesta de digitalización de todas las bibliotecas del mundo, abogando por una interactividad entre autor y lector reduciendo todos los libros a una gran publicación enlazada a través de un extensa red mundial de vínculos.
Respecto a Goytisolo, de quien en absoluto pondré en cuestión sus cualidades literarias, apunta en su artículo que la tendencia a la promoción de los libros no es más que una pérdida de tiempo y una “tendencia trivializadora impuesta por la moda”.

Por su parte John Updike, aprovechando la controvertida propuesta de Kevil Kelly, proclamó una defensa a ultranza del librero como vínculo entre el autor y el lector a la par que hacía gala de su casi inexistente concesión de entrevistas ni aparición en medios públicos durante sus primeros veinte años de autoría, a pesar de lo cual “la obra escrita se vendía por sí misma y se vendía sola”. Este tipo de posicionamientos, lícitos y comprensibles, no son ajenos a muchos autores consagrados de este y otros países, enormes autores que a pesar de su maestría literaria no son capaces de darse cuenta de cuánto y a qué velocidad cambia el mundo en el que ellos se desenvolvieron, especialmente a partir de esa compleja combinación provocada por las nuevas tecnologías y la crisis económica.

Cuenta Piglia en “El último lector” sobre la consternación de Kafka ante el uso de la máquina de escribir y cómo en la primera carta a Felice le manifiesta que “el inconveniente de escribir a máquina es que uno pierde el hilo”. La máquina de escribir, nos cuenta Piglia, separa históricamente la escritura artesanal y la edición. Cambia el modo de leer el original, lo ordena. De hecho fue inventada para copiar manuscritos y facilitar el dictado, pero rápidamente se convirtió en un instrumento de producción.

Si la aparición de la máquina de escribir tuvo semejante efecto en Kafka, no es de extrañar la desorientación y suspicacia que para muchos autores puede producir la imparable evolución de las nuevas tecnologías.

La primera paradoja está en que todos ellos (como todos los demás) escriben con la voluntad de ser leídos y algunos hasta para ganarse la vida. Por este motivo ceden sus derechos a una editorial, encargada de acercar el libro a los lectores a través de un mecanismo en el que además del autor, del editor y no pocas veces de un agente literario, están implicados el distribuidor y el librero, procedimiento tradicional que todos estos autores han conocido.

Es una obviedad no pocas veces olvidada que el texto generado por un autor, una vez adaptado al formato libro (cualquiera que sea el soporte) y puesto en la cadena descrita adquiere, mal que a muchos parece pesarles, la condición de producto de consumo.  Producto cultural eso sí, pero de consumo, poco diferente en su carácter comercial a una lata de atún o a unas zapatillas deportivas. Y me explico (*):

          • Va dirigido a un público determinado: El 57% de los mayores de 14 años se declaran lectores en su tiempo libre. El perfil medio es el de una mujer, con estudios universitarios, joven y urbana.
          • Satisface una necesidad: Entretenimiento para el 85,2% de los lectores mayores de 14 años
          • Se comercializa a través de unos canales de distribución: Facturación del 52% en las librerías y cadenas y del 10% en hipermercados.
         • Se adquieren mediante el pago de una cuantía económica: Precio medio sin IVA de 12,67 euros en el año 2010.
         • Su comercialización conlleva el logro de un beneficio económico: Facturación en 2010 de unos 995 millones de euros en libros de literatura, infantiles y juveniles.

Estos mismos preceptos son tenidos en cuenta por cualquier empresa que pretenda hacer llegar sus productos a un público determinado, con la finalidad no solo de cubrir una necesidad sino también de aportar un beneficio a esos agentes implicados en el mercado en el cual el libro se desenvuelve. Tal vez el problema de base empiece por ahí, por no entender el concepto de mercado “Conjunto de operaciones comerciales que afectan a un determinado sector de bienes / Estado y evolución de la oferta y la demanda en un sector económico dado”, según acepción de la RAE.

Algo tan fácil de asumir en cualquier otro sector parece que se resiste a la comprensión de muchos autores literarios y lo que es más grave, a muchos editores. En todo ese proceso mencionado, desde la creación por parte del autor a la compra por parte del lector, la adecuada distribución, la promoción y la publicidad juegan un factor relevante sin el cual la venta sale perjudicada y la rentabilización de la inversión es poco menos que imposible.

Banalización de la literatura dirán algunos. En absoluto, digamos mejor dignificación de la cultura y de la industria vinculada a ella, en un país donde hemos interiorizado que como no sirve para nada debe salirnos gratis. La incomprensión de esta realidad unida a la escasa preparación comercial de no pocos editores hace que a veces resulte milagroso entender que este sector pueda salir adelante.

Pero ya entrados en materia y con las primeras reflexiones sobre el mantel, me permitiré avanzar sobre el asunto desmenuzando algunos detalles de poco o ningún interés para los autores consagrados, esos cuyos libros desaparecen de las librerías sin ningún esfuerzo y cuyas obras tienen garantizada su divulgación antes incluso de haber sido escritas. Sin embargo, para los autores que aun no han conseguido su primera aventura editorial o para aquellos que después de plantada la primera pica ven que la experiencia ha sido un fraude y que retomarla en mejores condiciones es poco menos que imposible, tal vez se sientan identificados al leer estas líneas. (...sigue)

25/06/2011

BAILAR PEGADOS

Bajó del coche y esperó a que un aire nuevo se le llevase los pensamientos tristes. Pero no había aire y todo parecía tan rígido y bien anclado que no merecía la pena hacer esfuerzos para cambiarlo.
Atravesó la puerta y bajó las escaleras. Miró y se vio a sí mismo repartido en unas cuantas mesas, con las caras de otros, en los cuerpos de otros, con la desesperanza pegada a la suela de los zapatos, como un papel gomoso que no hay manera de eliminar
La música rompió caderas, un negro y una blanca bailaron haciendo con las suyas un relato imprevisible. La noche destilaba alcohol y ellos se ovillaban con un ir y venir sin pausa que ablandaba las emociones y enternecía el aire.
-Si hubiese sabido que la vida tenía islotes de membrillo también yo me hubiese animado a probarla. Pero siempre lo he comido crudo y me deja mucha aspereza en la lengua.
Lo dijo ella, Margarita, que se sentó a la mesa con él. Tenía una larga cola de caballo sujeta con una goma de color naranja y llevaba una camisa de cuadros grandes, gris oscuro. Bebía de las copas medio vacías que otros habían dejado y gesticulaba las canciones, como en un play back.
Apuró otro vaso extraño a medias de acabar y la orquesta empezó a tocar “Bailar pegados”. Ella pareció alcanzar el cielo. Estaba completamente loca. ¿Dónde está la línea que separa esto de aquello? ¿Dónde está el límite, Margarita? Muchos darían lo que tienen por saber donde está la frontera de la razón que separa un lado del otro. Él también. Vivir en ese margen estrecho es un triunfo, un equilibrio perfecto.
Margarita se bebía los restos de los vasos y hacía tiempo que había traspasado la línea mágica en la que se vive difícil. Después de un tiempo suspendida por los dedos de una mano en el borde de ese abismo, no aguanto más y se vino abajo. Lleva cayendo dos años y aun no ha tocado fondo.
- Hubo momentos en que fui feliz, momentos en que la vida era un regalo de navidad coronado por un lazo desfasado, en un escenario de espumillón y luces de colores. Pero la felicidad no esta en venta, ya no queda.
Se agotaron las existencias cuando volcó el camión de reparto – y ríe a carcajadas la ocurrencia - De eso hace ya tiempo y casi nadie se acuerda. Con el camión se fue la última partida que quedaba. Ahora hay quien quiere inventarla por métodos artificiales.
¿A quién coño se le olvidó peraltar la curva por la que había de circular el camión de la felicidad? – ríe insistiendo en la ocurrencia.
Margarita se enjugó una lágrima, se levantó y se fue a bailar sola a la pista.

18/06/2011

"SIETE MANERAS DE MATAR A UN GATO" de Matías Néspolo

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La primera vez que cayó en mis manos un escrito de Matías Néspolo fue en el mes de julio del año 2005. Se trataba de un suplemento cultural que el periódico el Mundo publicaba los viernes en la edición de Cataluña. No sé si por entonces existía ya la separata Tendències que actualmente se publica los jueves y de la que Matías fue coordinador, o si surgió posteriormente como sustitución de ese “Suplement de cultura” al que me he referido.

Aquella aportación de Matías Néspolo llevaba por título “La otra literatura catalana” y encabezaba la noticia con el texto “La india Sunny Sing, el sudanés Jamal Mahjoub, el francés Mathias Enard y el senegalés Sidi Seck hablan de su experiencia creativa en su lengua materna”.

Apenas un mes más tarde tuve acceso a un ensayo aparecido en la revista Letras Libres firmado por Ruth Franklin y que bajo el título “Muerte y resurrección de la ironía: nueva narrativa estadounidense” hablaba de la nuevas voces de la narrativa norteamericana, de orígenes diversos, pero con el nexo común de los atentados del 11 de septiembre.

Salvando todas las distancias, teniendo en cuenta que Barcelona no es NY, que nuestro mestizaje no es el de la ciudad de los rascacielos y que los muertos de nuestro 11M no causaron ningún impacto literario, aquel ensayo de Ruth Franklin tenía para mi cierto paralelismo con el artículo de Matías Néspolo, hasta el punto de animarme a contactar con cada uno de los autores citados e invitarlos a diferentes eventos literarios. Tuve el placer de conocerlos a casi todos, me falló Sunny Shing que por razones familiares tuvo que regresar a Londres ciudad donde reside. Todos estuvieron en El Vendrell en diferentes ocasiones, y aunque no fue ese el motivo de la presentación del libro de Matías, parece que su presencia haya servido también de broche a esa especie de obsesión personal con los personajes de su artículo.

Volviendo al tema del paralelismo con el ensayo de Ruth Franklin, lo que es innegable es el peso que los autores latinoamericanos han tenido y siguen teniendo en la literatura de este país. Por concretarlo en Barcelona, y por extensión en Cataluña, hoy se puede decir que la literatura escrita en castellano no se entendería sin la inclusión de autores como Juan Gabriel Vásquez, Santiago Roncagliolo, Rodrigo Fresán, Lázaro Covadlo o el mismo Matías Néspolo por poner solo algunos ejemplos.

Si en aquellos tan manidos años del boom latinoamericano Barcelona fue el regazo de autores como Vargas Llosa, Benedettí o García Márquez hoy son estos otros sus herederos.

En cualquier caso nada es lo mismo, y mientras que aquel boom se caracterizaba por una reivindicación unitaria de lo latinoamericano, de sus temas y preocupaciones hoy su literatura no es explicativa de un continente, sino que desde la singularidad de sus territorios se exploran conflictos de carácter universal.

“Siete maneras de matar a un gato” también responde al nuevo modelo. Matías Néspolo edifica una historia trepidante, un relato de personajes sin nombre, identificados por el escueto alias con que se bautiza a quienes quedan reducidos a meros accidentes, fallos inesperados en los engranajes imperfectos del mundo desarrollado.

Su historia llega cargada de argentinismos, de giros locales y jerga marginal, un relato sobre esas cosas que escondemos bajo las alfombras de los grandes salones, la borra mugrienta que crece oculta entre las patas de un mueble caro. Una historia de argentinos en Argentina, un relato de odios a muerte y lealtades inquebrantables. Y aunque las latitudes sean otras, la marginalidad retratada, la miseria de las periferias no es diferente a la que hoy encontramos en los extrarradios de cualquier urbe de este país.

La lectura de “Siete maneras de matar a un gato” nos trae a la memoria otras historias periféricas, unas literarias como por ejemplo “El triunfo” del ya fallecido Francisco Casavella, otras cinematográficas como ese relato brutal que el colombiano Víctor Gaviria nos presenta en su película “La vendedora de rosas”, o esas otras recreaciones de la España suburbial con que Carlos Saura o José Antonio de la Loma nos acercaron a aquellos delincuentes épicos de los primeros años de la transición.

“Siete maneras de matar a un gato” cumple los principales retos de una buena novela. Obliga a la reflexión en un viaje por escenarios desconocidos mientras construye una narración impecable, de diálogos creíbles y en la que palpitan las biografías de unos personajes empeñados en la propia destrucción. A partir de ahí, como cada novela tiene tantas lecturas como lectores, que cada cual añada su propia dosis de condimento.

16/06/2011

FRANCISCO CASAVELLA EN VISOR'07

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En el año 2007 me pareció que un buen argumento para la jornada de literatura VISOR’07 podía ser la novela emergente. Me puse a ello y tuve la fortuna de contar con la colaboración de numerosos autores. Álvaro Colomer, Albert Sánchez Piñol, Care Santos, Vanessa Montfort, Ignacio del Valle, Carlos Villarrubia y Francisco Casavella participaron en el encuentro.
Cuando llamé a Casavella y le propuse hablar sobre su obra durante cuarenta y cinco minutos noté que le estaba complicando la vida. Sin eludir la invitación, me sugirió algo más dinámico, una entrevista o un dialogo con otro invitado. Le pregunté a Carlos Villarrubia si le apetecía compartir ese momento con él y Carlos aceptó de inmediato. El tema de su intervención llevaba por título “Barcelona, territorio interminable”.
La jornada fue el 21 de abril, entrada hacía un mes la primavera y a dos días de Sant Jordi. Parecía obvio que lo de las festividades no iba con Casavella y por aquellas fechas andaba recluido en un chalet que la familia tenía en Roda de Bará, a pocos kilómetros de El Vendrell.
Fui a recogerlo en el coche a primera hora de la mañana. La casa estaba en un lugar apartado de la carretera general y abrigada por pinares y cipreses que con el calor primaveral dejaban en el aire un agradable olor a resina.
Esperé recostado contra el murete blanco que rodeaba la casa, la tranquilidad era absoluta, un buen lugar para escribir, pensé. En ese momento se oían gorriones entre las ramas pero imaginaba que con la llegada del anochecer los trinos irían dejando lugar al rumor interminable de las chicharras.
No me dio tiempo a elucubrar mucho más. A los pocos minutos apareció él, dando largas zancadas y un poco azorado por haberme hecho esperar. Se disculpó, le quité importancia y me estrechó la mano, una mano grande, la adecuada para un tipo grande con aspecto no sé si de tímido incorregible o de persona que rehúye el contacto para refugiarse en unos pocos cercanos, o simplemente en sí mismo cuando hasta la cercanía de los íntimos se hace desafiante.
El mano a mano con Carlos Villarrubia me confirmaría que el papel en blanco le resultaba más inspirador que la mirada atenta de la audiencia, pero tuvimos la oportunidad de escuchar de su boca interesantes aportaciones sobre la propia obra.
En enero del año siguiente Francisco Casavella lograba el premio Nadal, por su obra “Lo que sé de los vampiros” y pocos meses después, el 17 de diciembre, Casavella fallecía de un ataque al corazón.
La vida es así, un enredo con un extraño sentido de la responsabilidad que tan pronto te da una de cal, te regala una de arena o se retracta más tarde de la generosidad obsequiada zanjándote el destino con un exabrupto.
El día de su muerte lo recuerdo bien, ese día viajaba yo en tren a Madrid. El día 19, acompañado por Ignacio del Valle, quien también había estado con Casavella en la jornada VISOR’07, presentaba mi libro “No gana uno para sustos” en la Delegación del Principado de Asturias. La mañana del 18 no había periódico que no hablase de su muerte, ensalzando la calidad de una obra literaria que justo empezaba a andar. En lo literario, su muerte representaba un duro golpe para la narrativa española y no faltaron autores que destacasen sus cualidades, como tampoco faltó quien añadiese morbo innecesario a la vida de un autor reservado y discreto que lo único que había pretendido era escribir buena literatura.
Aquella jornada del año 2007 tuve el acierto de grabar íntegra su participación en compañía de Carlos Villarrubia. Como si algo me dijese que aquella sería una de sus últimas intervenciones públicas, puse la máquina a trabajar y me desentendí de ella hasta el final. Hurgando en Internet no he encontrado muchas aportaciones audiovisuales de Francisco Casavella y las pocas a las que he podido acceder corresponden a los días posteriores al fallo del Nadal, con “Lo que sé de los vampiros” como tema central.
Publicar su intervención en VISOR’07 a los pocos días de su fallecimiento me pareció poco respetuoso e incluso oportunista. Ahora, transcurridos dos años y medio, considero que este documento puede tener interés para los amantes de su obra.

13/06/2011

EL PARQUE TEMÁTICO (I)

Este sábado nos hemos ido de parque temático.

Un parque temático viene a ser un espacio catecumenal, una zona de reflexión, un lugar para la celebración de grandes citas familiares aunque también un recurso rayano en lo terapéutico al que las familias recurren como vehículo de cohesión, premio especial a logros remarcables o punto de catarsis para la reparación de esos pequeños desmanes cotidianos que ocasiona el contacto permanente.

El parque temático es como aquella mili ya olvidada, un lugar neutro donde todos caben, desde las familias camuflaje, las más “cool”, espíritus exploradores ataviados a lo Coronel Tapioca, a las más chuscas, las Juaniyosua de tacón de aguja ellas, y camiseta imperio y tatuaje hasta la punta de la rabadilla ellos. Un espacio democrático donde los haya, chuscos y fashions todos a una, todos abocados a lo que se tercie, experiencias de vértigo para el cuerpo y el bolsillo. Porque una vez metidos en gastos ya no viene del sablazo por el Calipo del niño que acabará pringando los dedos del padre mientras los chorretones le cruzan el brazo hasta el mismísimo codo. Tampoco tendrá importancia la puñalada trapera por una cerveza en vaso especial ergonómico estilo Mares del Sur que acarrearemos todo el puñetero día en la mochila y para el que nunca encontraremos un lugar en el armario de la cocina ¿ Y qué decir de ese Pájaro Loco hipertrofiado de dos metros por setenta y cinco centímetros, que lejos de convertirse en una molestia nos colmará de satisfacción al presentarnos ante nuestros vástagos como el perfecto tirador que ha necesitado pulirse 50 euros en balines de copa para cargarse los seis palillos que daban derecho a tan mastodóntico trofeo? Todo un lujo que pasearemos por los cuatro continentes encaramado a la espalda bajo un sol de justicia que nos dejará la frente como la parrilla de un kebab.

En cualquier caso ir de parque temático no suele ser una decisión repentina, sino que exige cierta planificación. Tal como anda la economía, el primer paso consiste en recabar información sobre promociones y otras fórmulas de descuentos que alivien el coste de la entrada.

Una vez identificadas las ofertas es importante que la familia se disponga a colaborar y para ello conminaremos a nuestros allegados a ponerse hasta arriba de refrescos de una marca determinada, rozar la hiperglucemia por consumo de una determinada marca de caramelos o beber agua hasta el delirio de un manantial concreto, guardando siempre la preceptiva etiqueta que nos dará opción a uno de esos descuentos que parecen planificados por un becario de ciencias exactas contratado para hacernos la promoción más entendible.

Alcanzado el número exacto de etiquetas y decidió el día de tan entrañable evento nos ponemos en marcha, camino a la aventura…

31/05/2011

ANOTACIONES EN MADRID (27 de mayo): Parte II: Con los “indignados” en la Puerta del Sol


Nueve horas de la mañana. Después de instalarme en el hotel, me dispongo a descender la calle de la Montera en dirección a la Puerta del Sol. Quiero conocer de primera mano lo que está sucediendo en el campamento de los indignados del 15-M. En la confluencia con la Gran Vía el paisaje lo conforman los primeros transeúntes que emergen de las bocas del metro, camareros arrastrando mesas y sillas sobre las aceras y el muestrario de prostitutas pacientes que parecen no descansar nunca. Un joven megáfono en mano, escoba al hombro, gafas de espejo, camisa abierta y un mensaje ilegible escrito con letras azul y grana sobre la piel, pregona a voz en grito consignas barcelonistas: “Visca el Barça, Visca Catalunya, somos españoles, ganamos la liga”, después se pierde por una calle aledaña.

Poco antes de alcanzar la Puerta del Sol, la cola habitual de inmigrantes ante la comisaría de policía presenta la estampa rutinaria de cualquier día por la mañana, vendedores de oro con chalecos reflectantes abordan a los caminantes anunciando servicios de compra-venta y el colorido palpitante de un sex shop es un reclamo sin mayores consecuencias a estas horas del día.

La voz del culé pregonero me llega de nuevo desde algún punto indefinido, tal vez desde la Plaza del Carmen. “Visca el Barça, Visca Catalunya, somos españoles, ganamos la liga”, y otra vez vuelve a perderse en la distancia.

Un hervidero de gente bulle bajo las carpas de la plaza. El campamento está organizado en parcelas, con calles que se entrecruzan. Todo está gestionado por voluntarios asignados a los diferentes servicios. El bombardeo de consignas es infinito, mensajes por megafonía, carteles, murales, folletos. Algunos jóvenes baldean los pasillos lanzando agua contra el suelo mientras otros la arrastran con cepillos fuera de las carpas. Ni malos olores, ni tufo a marihuana, ni borrachos, ni antisistema incendiarios. Por supuesto, hay quien aprovecha la causa, gente sin techo que encuentra aquí un cobijo, excluidos de todo tipo, adictos impenitentes condenados de por vida, enajenados…todos los perdedores. Pero no son lo representativo de este movimiento. Todavía queda quien se esfuerza en hacernos creer que esto es idea de desarrapados y muertos de hambre.

Los organizadores intentan que todo esté bajo control, que nada relevante se les vaya de las manos. Son conscientes de que al primer conato de alboroto se justificarán los argumentos de los detractores y darán razones para una intervención policial.

A la entrada del espacio destinado a la biblioteca se muestran los periódicos del día. Un cartel informativo concreta que son para consulta en el recinto de lectura. Una voluntaria se congratula por la concreción con que uno de los diarios resume los puntos principales reivindicados por el movimiento, mientras otra llama la atención a un tipo que duerme repantigado en uno de los sillones, “Esto no es para dormir, es un espacio de lectura” – le aclara –. Él, apartándose de la cabeza el jersey con que se cubre, le objeta que no duerme, solo se tapa de la luz que le viene directa a los ojos.

Entablo conversación con un gallego de sesenta años que acostumbra a darse una vuelta por la acampada, está de acuerdo con las reivindicaciones principales, pero opina que habrá que ir planteando cómo continuar todo esto fuera de la plaza. “Aquí no se puede estar siempre”. Otro indignado se une a la conversación, es más joven, pero no es un niño. Andará por los cuarenta y su indumentaria es la habitual de un antisistema. Opina que esos puntos solo son el arranque desde el que ir mucho más allá. Esgrime argumentos utópicos, un discurso que me recuerda las proclamas que resonaban en los paraninfos de las universidades allá por el año 1976, recién muerto el dictador. Tengo la sensación de que ambos puntos de vista resumen el sentir de lo que ahí está pasando. Tal vez sea la falta de concreción el principal enemigo del movimiento.

Otro joven de piel morena, enjuto de cara y completamente vestido de negro aporta su punto de vista. Desvaría, no está bien de la cabeza. Es uno de ellos, uno de esos marginados que encuentran su hueco en este recinto. Poco más tarde lo encuentro sentado en el suelo, lo acompaña una voluntaria de enfermería que intenta sonsacarle unas palabras bajo la mirada atenta de un hombre de más edad, probablemente un médico.

Es la hora del desayuno y en la carpa cafetería se reparte café, galletas y cereales. En los carteles se pide prudencia, son muchos y debe haber para todos. Hay un puesto central desde el que se transmiten cuantas novedades van llegando al campamento. “Compañeros, desde Barcelona informan que se les pide desalojar Plaza Cataluña para poderla limpiar, pero que después se les permitirá volver. Es solo temporal, compañeros”. “Para que coño hacen falta equipos de limpieza, aquí lo hacemos nosotros y está impecable”– se queja un chico a mi lado mientras empuja con un cepillo el agua sucia encharcada.

El servicio de guardería está vació, es muy temprano y los que no pernoctan en la acampada van llegando poco a poco. Es un espacio enorme, un híbrido entre guardería y ludoteca. Algunas voluntarias están reunidas, intercambiando pareceres y planificando el día. A la entrada de la carpa hay carteles previniendo contra la toma de imágenes. “Son niños”, advierten.

Por su ubicación, el campamento es también un enclave de interés general. Hay quien se acerca a conocer lo que pasa, curiosos que transitan entre las calles techadas con plásticos y lonas queriendo experimentar la sensación de ser parte durante unos minutos del primer movimiento ciudadano de trascendencia después de treinta y cinco años. Desde entonces, y al margen de puntuales concentraciones contra la barbarie terrorista y manifestaciones antibelicistas, las movilizaciones masivas no han tenido otro objetivo que penosos macro botellones y celebraciones futboleras.

Hay turistas que miran con asombro la actividad del campamento. Frente a la cúpula que envuelve la boca del metro, una guía de turismo intenta explicar a un corro de extranjeros el origen de la iniciativa. A su lado, un grupo de indigentes botellas en mano, descansa en un sofá que han plantado en la plaza. Celebran lo que está pasando, se suman a la iniciativa, lo hacen a su manera y ellos serán el punto de mira que dará argumentos a los que intentan justificar que esto es obra de vagos y maleantes.

Desde el servicio de megafonía llega un mensaje. “Os comunicamos compañeros que hemos pasado la inspección de sanidad”. Aplausos y gritos de júbilo. Después la megafonía vuelve a informar “Compañeros, la policía ha cargado en Barcelona y hay múltiples heridos entre los acampados de Plaza de Cataluña”.


(Parte III: Madrid bajo el diluvio y respuesta al desalojo de Barcelona)