FRANCISCO CASAVELLA EN VISOR'07

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En el año 2007 me pareció que un buen argumento para la jornada de literatura VISOR’07 podía ser la novela emergente. Me puse a ello y tuve la fortuna de contar con la colaboración de numerosos autores. Álvaro Colomer, Albert Sánchez Piñol, Care Santos, Vanessa Montfort, Ignacio del Valle, Carlos Villarrubia y Francisco Casavella participaron en el encuentro.
Cuando llamé a Casavella y le propuse hablar sobre su obra durante cuarenta y cinco minutos noté que le estaba complicando la vida. Sin eludir la invitación, me sugirió algo más dinámico, una entrevista o un dialogo con otro invitado. Le pregunté a Carlos Villarrubia si le apetecía compartir ese momento con él y Carlos aceptó de inmediato. El tema de su intervención llevaba por título “Barcelona, territorio interminable”.
La jornada fue el 21 de abril, entrada hacía un mes la primavera y a dos días de Sant Jordi. Parecía obvio que lo de las festividades no iba con Casavella y por aquellas fechas andaba recluido en un chalet que la familia tenía en Roda de Bará, a pocos kilómetros de El Vendrell.
Fui a recogerlo en el coche a primera hora de la mañana. La casa estaba en un lugar apartado de la carretera general y abrigada por pinares y cipreses que con el calor primaveral dejaban en el aire un agradable olor a resina.
Esperé recostado contra el murete blanco que rodeaba la casa, la tranquilidad era absoluta, un buen lugar para escribir, pensé. En ese momento se oían gorriones entre las ramas pero imaginaba que con la llegada del anochecer los trinos irían dejando lugar al rumor interminable de las chicharras.
No me dio tiempo a elucubrar mucho más. A los pocos minutos apareció él, dando largas zancadas y un poco azorado por haberme hecho esperar. Se disculpó, le quité importancia y me estrechó la mano, una mano grande, la adecuada para un tipo grande con aspecto no sé si de tímido incorregible o de persona que rehúye el contacto para refugiarse en unos pocos cercanos, o simplemente en sí mismo cuando hasta la cercanía de los íntimos se hace desafiante.
El mano a mano con Carlos Villarrubia me confirmaría que el papel en blanco le resultaba más inspirador que la mirada atenta de la audiencia, pero tuvimos la oportunidad de escuchar de su boca interesantes aportaciones sobre la propia obra.
En enero del año siguiente Francisco Casavella lograba el premio Nadal, por su obra “Lo que sé de los vampiros” y pocos meses después, el 17 de diciembre, Casavella fallecía de un ataque al corazón.
La vida es así, un enredo con un extraño sentido de la responsabilidad que tan pronto te da una de cal, te regala una de arena o se retracta más tarde de la generosidad obsequiada zanjándote el destino con un exabrupto.
El día de su muerte lo recuerdo bien, ese día viajaba yo en tren a Madrid. El día 19, acompañado por Ignacio del Valle, quien también había estado con Casavella en la jornada VISOR’07, presentaba mi libro “No gana uno para sustos” en la Delegación del Principado de Asturias. La mañana del 18 no había periódico que no hablase de su muerte, ensalzando la calidad de una obra literaria que justo empezaba a andar. En lo literario, su muerte representaba un duro golpe para la narrativa española y no faltaron autores que destacasen sus cualidades, como tampoco faltó quien añadiese morbo innecesario a la vida de un autor reservado y discreto que lo único que había pretendido era escribir buena literatura.
Aquella jornada del año 2007 tuve el acierto de grabar íntegra su participación en compañía de Carlos Villarrubia. Como si algo me dijese que aquella sería una de sus últimas intervenciones públicas, puse la máquina a trabajar y me desentendí de ella hasta el final. Hurgando en Internet no he encontrado muchas aportaciones audiovisuales de Francisco Casavella y las pocas a las que he podido acceder corresponden a los días posteriores al fallo del Nadal, con “Lo que sé de los vampiros” como tema central.
Publicar su intervención en VISOR’07 a los pocos días de su fallecimiento me pareció poco respetuoso e incluso oportunista. Ahora, transcurridos dos años y medio, considero que este documento puede tener interés para los amantes de su obra.

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